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Pedro José Martín

PEDRO JOSÉ MARTÍN. HOME DE TEATRE I DE FUTBOL

Pedro José Martín és un dels florestans més reconeguts al nostre barri, tothom l’aprecia i agraeix l’activitat que amb tantes ganes i tanta energia ha regalat als seus veïns durant molts anys, quasi 60 anys, que ha dedicat en gran part al teatre i al futbol. Estem contentes que sigui el nostre primer entrevistat. Va ser l’alma mater de l’Agrupació Teatral que va néixer al Casino i fundador i president de l’Olimpyc La Floresta, l’any 1978. Gràcies Pedro! 

En Pedro José té més de 80 anys i encara llegeix diàriament La Vanguardia i La Razón, i els caps de setmana El Heraldo de Aragón. La seva fortalesa física i el seu entusiasme continuen sorprenent. Avui dia encara treballa i puja a les seves excavadores com si es tractés d’un joc. Ens rep a casa seva, prop del Pont del Diari, envoltada de plantes i de flors, amb una alegria que s’agraeix i ens diu que prefereix fer l’entrevista en castellà perquè s’hi expressa millor, el seu posat segur i agradable ens convida a la tertúlia…

[Fotos cedides per Mariàngels Cuadras]

Pedro José: “Por el Olimpyc y por la Agrupación Teatral nos han conocido por todo Cataluña,
y parte de Valencia y Aragón”

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Pedro José va néixer a Escorihuela, Terol, el 4 d’octubre del 1932. Avui té més de 80 anys i encara llegeix diàriament La Vanguardia i La Razón, i els caps de setmana El Heraldo de Aragón. La seva fortalesa física i el seu entusiasme continuen sorprenent. Avui dia encara va cada dia al seu lloc de feina a Igualada, ben d’hora. Ens rep a casa seva, envoltada de plantes i de flors, amb una alegria que s’agraeix i ens diu que prefereix fer l’entrevista en castellà perquè s’hi expressa millor, el seu posat segur i agradable ens convida a la tertúlia...

¿Pedro, cuándo llegó a La Floresta y por qué?

Vine en el año 1958 a trabajar a un colmado que había en el paso de la estación, yo vivía en Barcelona con mi familia, vine en verano pues allí no teníamos trabajo, y me puse a ayudar al Félix i a la Pura, que tenían la tienda todo el año pero en verano necesitaban alguien que les ayudara. Vine un año por casualidad, porque allí no tenía faena y a partir de entonces estuve tres años viniendo, hasta que me quedé definitivamente aquí. Mi vida en La Floresta empezó entonces. Residentes en La Floresta eran muy pocos, unas 300 personas, el resto eran veraneantes que venían a pasárselo más o menos bien, algunos no se lo pasaban bien… pero que vinieran ayudó a que esto empezara a crecer. A partir de ahí la gente empezó a asentarse aquí, se quedaban a vivir. Los principios míos fueron estos, esto empezó a tomar un poco de auge… Esto empezó a pasar a principios de los 60.

¿Cómo pasas del colmado del Félix y la Pura, a las excavadoras?

Cuando me casé... tuvimos dos años la tienda pequeña que tenía la Aurora con la frutería, pero lo mío eran las máquinas, máquinas para arriba y máquinas para abajo. Con mi cuñado, compramos una máquina pequeña y teníamos el almacén de material ahí -al costat del Pont del Diari, a la carretera-. Pero luego, por cosas que pasan, cosas de parientes, nos separamos. Y me compré una máquina más grande y me dediqué a las excavaciones.

¿Qué te llevó a hacer el circuito de cros que hay al lado de las pistas?

Porqué había una serie de críos que iban en bicicleta y querían una pista de cros para subir y bajar montañas. Y como a mí siempre me ha gustado hacer el gilipollas con todo el mundo, dije, mira hablaré con todo el mundo, y hablé con ese alcalde socialista… cómo se llamaba… Oriol Nicolau, y me comprometí… yo haría las pistas aquellas con subidas y bajadas y conseguí hacerlas. No me dieron un duro, pero bueno, mira aún están. Ayer o anteayer pasé por allí y me dije: ¡anda mira, aún están!

¿De que vivía la gente aquí en los sesenta?

Aquí había dos o tres colmados que abastecían a los veraneantes, les llamaban veraneantes pero venían cuando les parecía, y ese era el trabajo que había, poco más. Cuando empezaron a asentarse dio un vuelvo la forma de vivir, la gente vivía aquí e iba a trabajar a Barcelona.

¿Había personas que trabajaran para las grandes fincas que había en La Floresta?

Pocos, muy pocos. Había algún jardinero y ya está. Tampoco había tantas fincas que dieran trabajo, antes quizás sí pero desde que vine yo ya no. Las personas que se ponían a vivir aquí trabajaban en Barcelona, en Sant Cugat…
Pronto se hizo una escuela…

Claro, empezaron a nacer críos y hubo algunas personas que empezaron a espabilarse, uno de ellos fue el Sr. Bros, que hacía más o menos… no de alcalde, pero era el representante de La Floresta en Sant Cugat y Barcelona. Este hombre se movió bastante y crearon las primeras escuelas que hubo entonces y las ubicaron en las Escaleras de Tarruell y luego ya se hicieron las escuelas nuevas, las que hay aquí abajo (Escola La Floresta) allí ya tenían un lugar donde estar recogidos. Luego se hicieron las pistas que costaron mucho, pero había que conseguirlo y al final lo hicimos. Estamos en los años 70 hacia delante, la escuela de La Floresta se inauguró en 1979.

¿Quiénes eran entonces las fuerzas vivas de La Floresta? ¿Quedaba alguien de la familia Tarruell?

El Sr. Tarruell se había ido, él hizo los pisos Tarruell, con unas escaleras que subían a los pisos que él tenía, pero en esa época, a partir de los 60, ya no estaba él, estaba la hija que venía de vez en cuando pero él había muerto ya. Entonces lo conocíamos por lo que había hecho y nada más. Las fuerzas vivas eran el Sr. Bros y poco más.

¿Dependían para todo de Sant Cugat?

Sí claro, aquí había dos tiendas: la de la Pura y el Felix, la Montañesa y luego pusieron otra tienda. Luego hicieron un par de bares en la estación… pero poca cosa más, en mi pueblo lo habrían llamado una aldea.

¿Su sentimiento era el de vivir en un pueblo?

Al principio no, luego el sentimiento que se despertó en la gente que vivía aquí sí lo fue. Luchamos por conseguirlo y pedimos a Sant Cugat que hicieran una especie de subalcaldía y se hizo, y eso duró bastante tiempo. Luego se hizo una Asociación de vecinos que fue la que marcaba el camino que queríamos seguir; cuando el ayuntamiento vio que esto funcionaba más o menos regular quiso meter las narices y yo dije que si alguien del ayuntamiento venía a las juntas que yo lo dejaba, pues solo venían a mandar y a decir lo que querían que hiciéramos y esto a los que hemos sido siempre un poco independientes no nos ha gustado, así que yo me marché y conmigo marcharon dos más. El ayuntamiento siguió marcando la pauta.

¿A pesar de la Asociación de vecinos?

La Asociación de Vecinos se limitó, se apartó un poco y se quedó solo en eso, en asociación de vecinos. Cosas que decidir pocas, de vez en cuando había alguna reunión y los llamaban, pero capacidad de decisión no tenían ninguna

¿Pero eso fue porque no se hacían cosas muy importantes?

Importantes sí, porque aquí no había ni pistas, ni colegios, ni nada y luchamos para que lo hubiera. Las escuelas conseguimos que fueran de verdad, no aquella especie de cuartos que había al principio. Conseguimos unas pistas porque entonces el fútbol sala estaba en pleno auge y conseguimos que los críos de aquí jugaran al deporte de moda.

Sabemos que usted colaboró muy activamente en la construcción de esas pistas. Pero usted trabajaba entonces fuera de La Floresta…

Como hemos tenido máquinas excavadoras, trabajaba allí donde tenía la faena. Ahora, las tenemos en Igualada, fuimos para dos meses y hace 18 o 19 años que estamos allí. Y aquí se hizo lo que se pudo.

A pesar de eso usted siempre colaboró mucho en todo. ¿Cómo se preparaban las fiestas?

Se creó una comisión de fiestas, aunque la verdad es que las fiestas en La Floresta nunca han sido nada extraordinario, pero bueno, representaban un poco el sentir de la gente de aquí: hacían baile aquí en las pistas, hubo una época en que se hacían variedades también en las pistas, se montaba un escenario y ahí se hacía todo, cuando preguntabas a la gente dónde vas, “a las pistas” te contestaban, pues no había otro sitio para ir.

¿De qué años estamos hablando?

Pues no recuerdo exactamente pero hablo de los 70. Una actividad por la que ha sido conocido fue por su participación en el teatro. Cuéntenos un poco… El teatro me ha gustado siempre, me ha apasionado siempre. En el Casal, el antiguo Casino, nos reunimos unas cuantas personas, -llegamos a ser más de 30, entre actores, director, tramoyistas, quienes se ocupaban del attrezzo… todos hacíamos de todo-, montamos un escenario rústico y con el tiempo lo fuimos arreglando. Se montó una agrupación que se llamó Agrupación Teatral de La Floresta, hicimos bastantes obras, por cierto… con bastante éxito. A partir de ahí salimos a dar tumbos, sobre todo por Cataluña, que la recorrimos toda haciendo teatro.

¿En qué años?

Entre el 65 y el 68 fue cuando empezamos con el teatro. Ensayábamos mucho. Tuvimos las suerte de que nos juntamos un grupo de personas a las que nos gustaba mucho, eso es lo más importante.

¿Usted hacía de director?

Yo hacía de director, de primer actor, de recogepapeles… de lo que se presentaba, como era yo el que había movido aquel tinglado… además me apasionaba, me gustaba, así que hacía de todo.

¿Fue un aprendizaje autodidacta… alguien sabía algo más?

No, yo cuando era joven quería ser cantante y decidí que para ser cantante, no sé por qué, tenía que hacer teatro primero, para desenvolverme bien… pues sí cantante lo fui, pero cuando me metí en lo profesional me di cuenta de que aquello no era lo mío, aparte de que yo ya tenía una hija, estaba casado… la afición era mucha pero las responsabilidades también eran muchas. Así que a raíz de dejar lo de cantante pues me metí aquí… de hecho la agrupación teatral la empezaron otros pero la verdad es que no funcionaba, me dijeron si podía echarles una mano y yo como era lo mío y me gustaba, pues, efectivamente, les eché una mano y les eché las dos, los pies y todo el cuerpo entero, y… funcionamos, funcionamos muchos años.

¿Y cuando alguien no servía, qué hacía?

Cuando alguien no servía, se le decía: “mira tú para cualquier otra cosa pero para esto no”. Me acuerdo de “El maño” que como actor era nulo pero voluntad tenía para parar un tren, y le dije: “tú no te preocupes que llegarás a hacer los mejores papeles que haremos en las obras que hagamos en el casal”, y decía: “Es que me pongo nervioso”, yo le decía: “No te preocupes”. Me llegó a hacer el Sr. Birling de “Llama un inspector”, y lo sacó clavao, entonces hacía mucho tiempo que estábamos en el fregao ese. Con “Llama un inspector” recorrimos casi toda Cataluña y parte de Aragón, que fuimos hasta Alfajarín. Y nunca, nunca, nunca tuvimos un fracaso en el tema artístico, en el asunto de espectadores… pues sí, tuvimos un fracaso en Rubí, que fuimos precisamente a hacer “Llama un inspector” y pensábamos que llenaríamos la sala y vinieron 50 personas, que es mucho, pero es que estábamos acostumbrados a 100 y 200, pero los que vinieron quedaron encantados, nosotros nos quedamos un poco retraídos porque estábamos acostumbrados a levantar el telón y ver el patio lleno de gente.

¿Cuánto tiempo duró la compañía?

Al menos ocho o diez años, hasta que al final vino un espabilado, de esos que lo saben todo, quiso llevar la cosa a su terreno y montó una obra, pero… fue gente a ver la obra, que la hicieron en el escenario de la pista del casal… yo fui a verlos y me quedé decepcionado. Yo ya sabía cómo lo hacían y qué iban a hacer… pero de la misma opinión que yo eran la mayoría de las personas que había allí. Y ya no empezó ninguna más, y desde entonces desapareció el teatro.

Para acabar con el teatro… ¿Qué es lo que más le gustó de esa experiencia teatral?

Bueno, pues lo que más me gustó fue el grupo, que estaba muy unido, y luego las obras que hacíamos, a mí la obra que más me ha llenado ha sido “Llama un inspector” de Priestley, para mí es la mejor obra que tiene ese hombre, y nosotros la hicimos un montón de veces en varios sitios; Cataluña y Aragón, las recorrimos con esa obra. De hecho el teatro me ha llamado siempre. Y luego cambiamos el rumbo y nos pusimos con la pelota.

¿Lo echa de menos?

Sí… a menudo, casi siempre…pero los años pasan y las ilusiones se van.

¿Te reenganchaste al teatro, después?

Si pero hicimos poca cosa… cuando las cosas se hacen con mucha ilusión todo va adelante, pero cuando la ilusión se va, no funciona nada, y en cosas de estas, que además de poner toda la voluntad también te cuesta algo de dinero, si las cosas no funcionan como tú quieres lo “envías todo a didas”.

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¿Por qué fundaste el Olimpyc y cómó?

Todo tiene su principio y su explicación. A mí el fútbol no me ha gustado nunca. Ni me gusta ahora ni me gustaba antes ni me gustará en mi vida. Pero tenía un hijo, su vida era la pelota y correr detrás de la pelota. Además, montaron un equipillo en el colegio, de niños de 12 o 13 años y empezaron a montar torneos por aquí, por la comarca, y mira por donde, ¡todos los torneos los ganaban! Y yo pensé: pues hombre, ¡igual sirven para esto! Empezamos a jugar torneos por ahí. De hecho fundamos el equipo… se llamaba Colegio Nacional de la Floresta...

¿EGB?

¡Sí! ¡EGB! Les busqué un entrenador para que siguieran adelante y yo me retiro. Y una noche, el Carlos (Navarro) se me presenta en casa: ¿Qué pasa? ¿Dónde vais? Y el Carlos que llevaba la voz cantante dijo, “mira Pedro, que hemos estado dando vueltas a la cosa y hemos decidido que si no nos llevas tú, deshacemos el equipo”. ¡Pero si yo no tengo ni puñetera idea de fútbol! ¡De personas entiendo! ¿Pero de fútbol? ¡Es igual! ¡O nos llevas tú o deshacemos el equipo! Y no me quedó más remedio. Y ahí empezó el Olimpyc.
Luego vino el Àngel. Ya llevábamos muchos partidos ganados y dije, bueno, no podemos estar todo el día con torneos. Tenemos que hacer algo que valga la pena. Vamos a apuntarnos a lo de la Federación Catalana de Futbol Sala y a ver qué pasa. Y empezamos en tercera división, claro, lo lógico, recién venidos. La cosa empezó a funcionar. Éramos… Carlos, el Àngel, dos chavales de Rubí, y otro de Sant Cugat. Y otro de Barcelona... ¿cómo se llamaba el negrito...? (el Dani!) Si íbamos por los campos y decían: ¡Joder si tienen hasta un negro! ¡¿Cómo no van a ganar?! Lo principal de la cosa es que nos lo pasamos fenomenal.

¿Recuerdas más jugadores?

Estaba el Conesa, Del Águila, Chus el Carlos, el David, el Revilla… Lucas… Lucas no estuvo mucho, pero dio rendimiento...No me acuerdo de todos.

¿O sea que empezaron siendo niños del colegio y después hiciste el club?

Sí, sí, empezamos con el EGB de la Floresta, pero con el nombre ese no podíamos entrar en la Federación.

¿Y el nombre? ¿De dónde sale?

Si te lo digo te echaras a reír. Estábamos buscando un nombre, y el Víctor, el “negro”, que le llamábamos, encontró una servilleta en el suelo que ponía “Olímpic”. Y dijo: ¡Pedro, ya tengo el nombre! Le ponemos Olímpic. Y yo dije sí, pero le ponemos Olímpic Floresta, ¡que somos de la Floresta!

¿Y la “y”?

La y griega la pusimos porque quisimos, no le íbamos a poner Olímpic con i latina. Y la Floresta porque yo insistí en que se pusiera. Y no hubo ningún problema porque todo el mundo estaba encantado.

¿Y los colores?

Cuando empezamos había que tener camisetas. Hasta entonces cada uno traía una de casa y nos arreglábamos como podíamos. Un día me fui a La Llar de l’Esport, de Sant Cugat. Le dije hacen falta camisetas para los niños. La María, la Mari, me dijo que el único color del que tenía 8 o 9 camisetas eran unas azules. Y ahí se quedó el color.

¿Cuándo aparece Pabli?

Pabli nunca se fue. Siempre fue el alma del futbol de la Floresta. Yo delegué en él y él llevaba la voz cantante. Luego se cansó, se fue a vivir a Rubí. Pero él siempre fue el alma del Olimpyc y a mí me gustaba que lo fuera. Tenía 50 mil veces más idea que yo de fútbol sala.

¿Cómo pasasteis de ser un equipo a ser un club?

Primero fuimos un equipo. Al año siguiente, como había un montón de críos que venían a jugar allá abajo, hicimos un alevín, un infantil, un juvenil... 4 o 5 equipos y uno de crías, ¿no sé si estabas tú ya metida ahí?

¿Dónde entrenabais?

Ya entrenábamos en las pistas. Ya habíamos conseguido que las hicieran.

Yo os he visto en Sant Cugat…

Huy… pero esa era mucho antes, ¡mujer! Cuando hicimos la pista en los Rozales, que fui con la máquina e hice una pista, pero era de tierra… Luego ya tuvimos las pistas reglamentarias.

Entrenabais en las pista pero yo os había visto jugar en Sant Cugat, donde está ahora la piscina…

Sí, bueno, claro, entrenábamos aquí, y luego pedimos al ayuntamiento que nos dejaran jugar allí. Porque, ¡joder, Sant Cugat lo tenía acaparado todo! Estaba el Sant Cugat y otro equipo el Maki y otro que venía de no sé dónde y pedí poder ir a entrenar allí. E íbamos dos días a la semana. Y fuimos a jugar allí, también. Además puse la excusa de la Federación, que la Federación nos obligaba a jugar en un sitio… y la verdad es que funcionó la mar de bien.

¿Ibas con la furgoneta a recoger a los niños a su casa?

Sí, claro, era el único medio de transporte que teníamos. A buscarlos quizás no siempre, porque acudían a las pistas, pero a repartirlos sí.

¿No hubo nunca sponsors?

No, no, no… Intentamos involucrar a uno pero no, no duró dos días y medio. Hicimos unos números de lotería y los vendíamos y eso ayudaba un poco y mira... el Pedro José ayudaba en lo que podía...
Sí, eso te iba a decir. Ya sé que tú ibas soltando…
Sí, bueno, algo había que hacer, hija mía. Y por aquellos chicos yo lo habría hecho todo, se lo merecían. El único rebelde que había un poco era el Conesa, pero al final era el que más colaboraba y el que más empeño ponía en que aquello funcionara.

¿Había otros equipos en la Floresta? ¿El Plaza…? ¿Qué relación tenías con otros equipos?

¡Buena! El Olimpyc siempre ha tenido buena relación con todo el mundo. Y se montaban las 24 horas del Casino… e incluso una vez hicimos 48 horas.¿Los encuentros con el Sant Cugat eran ya derbis?
¡Des del primero! ¡Des del primer encuentro que hubo ya derby!
Bueno, ellos se fundaron después, aunque digan que no...
Bueno se fundaran antes o después… la rivalidad siempre existió.

¿Por qué?

¡Pues no lo sé! ¡Ellos siempre eran los mejores allí y nosotros los mejores aquí!

¿Cómo os organizabais, había una junta?

Sí, había una junta que marcaba las pautas, lo que se tenía que hacer. Tenía que haber cierta disciplina, sino las cosas no andan.

¿Quién había en esta junta?

Pues mira, estábamos los del primer equipo, estábamos todos allí, después cuando se incorporó el Àngel, pues el Àngel. ¿Quién había más? pues no me acuerdo.

¿Os reunías debajo del Spar?

Sí, en un local pequeñito. Y después, cuando hicieron las pistas, nos reuníamos en una salita pequeña que nos prepararon. Al principio en el colegio, después en la sala.
Fuiste presidente un ratito, 19 años… ¿Y pa qué quieres más?

¿Por qué lo dejaste?

A ver… cómo te lo explicaría. Empecé otra vez con el teatro, que lo tenía abandonado… y después, bueno, no sé… porque alguna divergencia hubo entre alguien y yo y dije, mira ¿sabes qué? Que os dejo aquí... y el Pabli estaba en su apogeo y luego pues el Àngel estaba metido en el tinglado y el Chus, también estaba metido... Y cuando vi que la cosa podía funcionar sin el Pedro José, dije, mira Pedro José descansa y vete a lo tuyo que es el teatro... Es que… es curioso, ¡pero a mí el fútbol no me ha gustado nunca! En cambio en Teruel, cuando tenía 16 años ya jugaba en el primer equipo y otra cosa no, pero ¡pegar patadas sí sabía! El entrenador me decía, mira, ¿ves aquél? Pues aquél no se tiene que mover. Y no se movía. Porqué yo regates, no, no sabía hacer un regate con las manos, ¿lo iba a saber hacer con los pies?

Después el presidente fue Juanra…

Sí, Juanra, porque yo estaba buscando a alguien en quien poder depositar mi confianza y que viera que era capaz de seguir adelante con el tinglado que teníamos montado. Y bueno, sí, Juanra se esforzó en hacerlo lo mejor que pudo y lo hizo durante mucho tiempo.

¿Estás contento de haber sido presidente del Olimpyc?

Te diré una cosa, hija mía. De todo lo que he hecho en esta vida… no me arrepiento de nada. De todo. Puede que de alguna cosa puntual no esté muy contento, pero de todo lo que he hecho en esta vida no me he arrepentido jamás.

Fundaste el club para que tu hijo, David, jugara, jugó, lo hizo estupendamente y lo dejó. Ahora tienes nietos. ¿Te gustaría que jugaran en el Olimpyc?

Mis ánimos ya no son los mismos que antes. Pero bueno, si tuviera que echarle una mano a alguien para que funcionara, pues no me escondería.

¿Crees que es importante el Olimpyc para la Floresta?

Actualmente no lo sé, pero lo ha sido porqué por el Olimpyc y por la Agrupación Teatral nos han conocido por todo Cataluña, y parte de Valencia y Aragón.

¿Trabajasteis juntos Mateu y tú en el Olimpyc?

Mateu llevaba un equipo, alevines o benjamines. Pero tampoco estuvo mucho tiempo. Bueno lo llevaba porque su hijo jugaba en ese equipo.

¿Recuerdas el homenaje que te hicieron en el que te regalaron una placa? ¿Te hizo ilusión?

¡Hombre por descontado! ¿Qué os parece? ¡Eso ilusiona a cualquiera al que se lo den! ¡Además, con el cariño con el que lo hicieron!... En la Agrupación también me dieron otra. Y aquel busto de allá arriba me lo dieron los del ayuntamiento de Sant Cugat. ¡Yo encantado!

Y Juanra ¿lo hizo bien de presidente?

Sí. Pero... siempre se lo dije... le faltaba un poco de carácter.

Y Àngel ¿lo está haciendo bien de presidente?

Yo considero que sí, pero la verdad es que no tengo relación con el Àngel.

Eso, te iba a decir, ya no se te ve por mucho por las pistas… ¿ya no vas, no?

Es que cuando ya desaparecí de allí... estaba un poco cansado, hija mía, y ahora ya no tengo motivación ni para el teatro. Porque me han vuelto a llamar un montón de veces… La Maribel está harta de llamarme i y el Ángel, el que me sustituyó para hacer teatro, el pobrecico hizo una función y le salió una pifia... si como actor era malo, como director es un desastre, pero bueno, ¿qué le vamos a hacer? La buena voluntad de la gente no se puede cuestionar.

¿Estás retirado, eh?

¡Sí, sí y muy a gusto!

Pero sé que muy activo, que te levantas cada mañana tempranito...

Sí, hay que ir a trabajar por ahí. A mí, subir allá arriba no me lo quita nadie.

Vamos acabando está primera mirada sobre La Floresta, donde hemos recorrido unos 60 años de tu vida. En los que Sant Cugat ha cambiado muchísimo. Pero tengo la impresión de que hablas de La Floresta como si fuera la misma. Un reducto más o menos propio, natural. Y en cambio, Sant Cugat se ha multiplicado. ¿Qué dirías de ese cambio que ha sufrido Sant Cugat y cómo ves La Floresta relacionada con ese cambio, con la ciudad que se ha multiplicado?

Es normal. Sant Cugat antes tenía 30 o 40 mil habitantes. Ahora tiene 200 mil... (el corregim: no llega a 90) ! Ah! yo creía que tenía 200 mil. Bueno es igual, pues toda esa gente ha venido de fuera. Y es normal, pues cuando la gente viene de fuera tiene ganas de dejar impronta. La Floresta más o menos sigue siendo un pueblo como había sido antes. Ha prosperado algo, pero no como podía haberlo hecho. Quizás porque la gente de aquí, duerme aquí pero no vive aquí. La mayoría trabaja en Barcelona. Y dormir es una cosa y vivir otra. Y aunque quisieran hacerla tampoco hay medio para hacer una vida expansiva.

¿Pero te hubiera gustado que la hubiera? ¿Que fuera un pueblo con más actividad?

Si te soy sincero, no. Yo me encuentro tan a gusto aquí, metido en estas cuatro paredes, que cuando salgo allí afuera… sí, tengo amigos aquí, tengo amigos allá... No miro si ha crecido o no o si crecerá más o menos. Para mí, eso, no tiene demasiada importancia.

A ti te gusta tal como es...

A mí me gusta un sitio para vivir y para vivir me gusta este sitio. Y nada más. Como los negocios los tengo fuera de aquí… también... Quizás estaría más integrado. Cuando trabajaba en casa de la Pura, pues bueno, hacía más vida aquí, pero entonces era un crío. Pero ahora vivo aquí, duermo aquí, como aquí, estoy aquí, pero mi vida la hago fuera de aquí.

Aquesta entrevista es va fer a casa de Pedro José el dia 22 de març del 2016. Vam estar amb ell: la Mont Carvajal, la Maria Beneyto i la seva filla Raquel Martín. Va ser una tarda molt agradable. Agraïm profundament la col.laboració de Pedro José i de la Raquel.